Soñé que estábamos Inés
y yo en la salita de una casa en penumbras, esperando a alguien
que no llegaba, y esa espera, sin saber yo por qué,
nos mantenía en un estado de expectante temor. De pronto,
notábamos que no estábamos solos, y enseguida
veíamos a un hombre cuyo rostro no se distinguía,
pero podíamos ver perfectamente que de su mano derecha
colgaba un cuadro. Al comprender de qué cuadro se trataba,
Inés se levantaba y yo quería avisarla del peligro
que suponía enfrentarse con un ladrón de cuadros,
pero no podía, articular sonido alguno; quería
levantarme y no podía, intentaba alzar la mano, pero
ésta no me respondía... Entonces me desperté,
empapado en sudor, tremendamente angustiado. Cuando me calmé
un poco, me vestí y salí de casa: sólo
me quedaría tranquilo si veía a Inés,
sonriente como siempre, en la tienda. |